Guerra y Paz
Liev Nikoláievich Tolstói
Planeta, 2002
Trad: Francisco José Alcántara/José Laín Entralgo
Leído durante el curso 2008-2009 (Escuela Diplomática)
Liev Nikoláievich Tolstói
Planeta, 2002
Trad: Francisco José Alcántara/José Laín Entralgo
Leído durante el curso 2008-2009 (Escuela Diplomática)
Hay novelas que no se leen, sino que uno se instala en ellas. Proponen un escenario y una compañía, y cuando estos se van desvaneciendo, conforme las páginas no leídas adelgazan, surge la pereza y melancolía inevitables en toda mudanza. Más que novelas, son un lugar. Más aun: un hábito.
Ritmo. No exactamente una novela río, sino un novela que avanza como la lengua de un glaciar, por momentos a ritmo geológico para precipitarse en avalancha al comenzar la campaña de Rusia de Napoleón, y cerrar el libro con un paisaje nevado. El cambio de ritmo es bestial sirve al propósito de mostrar una aceleración de la historia, que se acumula silenciosamente, se desboca, y se frena.
Forma. Una buena novela es aquella que deja tras de sí una conversación interesante. De Guerra y Paz podemos de la estructura. La novela es la crónica de tres familias patricias de Moscú y San Petersburgo, bien situadas para vivir, y nosotros a través de ellas, los acontecimientos de la campaña de Rusia. Aquí y allá, dónde y cuando le da la gana, Tolstoi interrumpe la narración para disertar sobre el sentido de la historia y el significado de los acontecimientos narrados. ¿Qué pensar de estos interludios? Sin duda son molestos. Al entrar en la segunda mitad de la novela se hacen más frecuentes. En ellos Tolstoi repite machaconamente la misma tesis, una airada refutación de una interpretación heroica de la historia. A veces da la impresión de que al autor le importa más grabar a fuego su filosofía de la historia que la narración. Sería muy interesante leer la novela sin esos exasperantes sermones. Pero cabe la sospecha de que sean esos mismos episodios discursivos, ausentes en Anna Karenina, la argamasa necesaria para sostener el edificio narrativo de una novela de 1.500 páginas donde se transita de una conversación en la corte a una carga de caballería, de una discusión familiar a una prolija descripción del agro ruso y sus campesinos.
Fondo. En una novela que narra con gran viveza batallas tan importantes como Austerlitz o Borodino, o una escena de destrucción tan espectacular como la del incendio de Moscú, sorprende que los momentos de mayor emoción sean las muertes en el lecho de algunos de sus protagonistas. Son escenas de una profundidad y delicadeza asombrosas.
La primera es la muerte de la esposa del príncipe Bolkonski, al dar a luz a su hijo. Es una muerte que anuncia las demás. Andrei llega a tiempo de ver morir a su esposa, pero ésta no le perdona.
La segunda es la muerte del padre de éste, un personaje tremendo, tiránico, que exige de nosotros un temor reverencial, cuyo deceso desencadena inmediatamente una revuelta de campesinos (a lo largo de toda la novela aletea un sentimiento premonitorio, un pálpito, de la gran revolución que advendría un siglo más tarde)
La tercera es la muerte del príncipe Bolkonski mismo, en la caravana que abandona Moscú, en presencia de las princesas Natasha y María. A pesar de haber sido letalmente herido en la batalla de Borodino, parece recuperarse, y de súbito decide morir, no sabemos si reconciliado con la vida o enamorado de la muerte.
4. Valoración: ¿Es Guerra y Paz una buena novela? Humm. Para empezar no tengo claro que sea una novela (mi mente sigue encontrando provechoso pensar en géneros). Tolstoi zanja el asunto en su epílogo. Guerra y Paz. Dice "¿Qué es un Guerra y Paz? No es una novela ni un poema, y menos aún una crónica historia. Guerra y Paz es lo que el autor ha querido y podido expresar en la forma en que, a su entender, ha quedado expresado". Bien está. Estoy de acuerdo: no es una novela. Si fuese una novela, sería una mala novela, lejos de la perfección narrativa de Anna Karenina. A veces es pesada y reiterativa. Los protagonistas sufren epifanías constantes. Creo que si Guerra y Paz deja tan honda emoción es debido al efecto acumulativo. A fuerza de leer la habitación se va poblando de los personajes. Todos ellos adquieren un relieve casi palpable. Tienen el espacio necesario para desarrollarse y desplegar una detallada personalidad, una psicología propia. He ahí la clave del rotundo triunfo de la novela: los personajes.
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