sábado, 4 de abril de 2009

En defensa de la intolerancia



Slavoj Zizec. En defensa de la intolerancia.
Ediciones sequitur, Madrid, 2008.
Trad: Javier Eraso y Antonio José Antón.


Este es un libro que critica el liberalismo multiculural y tolerante que gobierna nuestras sociedades. Zizec opina que no es más que el enésimo camuflaje del capitalismo que mercantiliza la vida y desactiva cualquier reivindicación verdaderamente política. Siendo la verdadera política:
"Ese momento en el que una reivindicación específica no es simplemente un elemento en la negociación de intereses sino que apunta a algo más y empieza a funcionar como condensación metafórica de la completa reestructuración de todo el espacio social" Pag. 46.
Esto es, el liberalismo multicultura privatiza la reivindicación (se reivindican derechos de los homosexuales, las mujeres, los discapacitados, las minorías étnicas), que se conforman con un mero reconocimiento de sus "estilos de vida" sin que esa queja pueda de forma alguna subvertir el orden social.
"El único vínculo que uno a todos esos grupos es el vínculo del capital, siempre dispuesto a satisfacer las demandas específicas de cada grupo o subgrupo (turismo gay, música hispana...)" (pag. 48)
Lo que más me ha gustado es la idea del multiculturalismo como un racismo reprimido:
"El multiculturalismo es un racismo que ha vaciado su propia posición de todo contenido positivo (el multiculturalista no es directamente racista, por cuanto no contrapone al Otro los valores particulares de su cultura), pero, no obstante, mantiene su posición en cuanto privilegiado punto hueco de universalidad desde el que se puede apreciar (o despreciar) las otras culturas. El respeto multicultural por la especificidad del Otro no es sino la afirmación de la propia superioridad" (pag. 57).
Esto es exacto. Vengo pensando hace tiempo en los efectos deletéreos que produce la dictadura de lo políticamente correcto. Me entretengo en uno: la represión del humor. Me he percatado de que de un tiempo a esta parte, por ejemplo, ya no se pueden contar chistes machistas, o que incorporen palabras como "maricón", "negro" o "andaluz". No dudo que sea positivo, justo y necesario sacar determinadas expresiones de circulación. Pero cuando la represión se hace excesiva los efectos son los contrarios de los que se persiguen. En España por ejemplo ya no se pueden hacer chistes sobre tipismo regionales. Pero el psicoanálisis nos enseña que lo que se reprime no desaparece sino que estalla por otro lado. En la tele, por ejemplo, se observa el atractivo que tienen los personajes que se muestran maleducados, deslenguados, o cínicos. Necesitamos también de eso. Hace falta poder reirse de las diferencias. La risa es necesaria para la convivencia. Cuando llegue el momento en que sea absolutamente poder reirse de las diferencias es que estaremos en guerra.

sábado, 31 de enero de 2009

La invención de una nación


La invención de una nación. Washington, Adams y Jefferson.
Gore Vidal
Editorial Anagrama. Barcelona 2004.
Traducción de Jaime Zulaika.
Leído durante la campaña electoral Estados Unidos, 2oo8.


Hay que reconocer que Estados Unidos tuvo mucha suerte de contar con Washington, Adams, Jefferson y toda la tropa en los días de su fundación. Fue uno de esos momentos de inteligencia colectiva de los que tanto se benefician las naciones (Atenas, siglo V a.C, Italia siglo XVI, quizá España de la Transición). Pero no es menos cierto que Washington, Adams, Jefferson y toda la banda también tuvieron mucha suerte de contar con una tierra fresca y por arar, una comunidad pequeña y manejable de propietarios, tan sólo unos indios por someter, y donde nadie cuestionaba la esclavitud. Leyendo este anecdotario de los años principales escrito con sorna por Gore Vidal estos granjeros ilustrados y abogados listísimos nos dan envidia. Debe de ser una gozada echar la noche discutiendo en cenáculos exquisitos si sería mejor crear una república o una monarquía, o una federación o una confederación, añadiendo o quitando comas a la declaración de independencia. En Europa en cambio madrastra historia enseñando los fauces. La revolución americana fue una convención de rotarios al lado de la bestial revolución francesa. Gore da la clave al final del libro: “El tiempo. Les sobraba tiempo. Pasaban el invierno en su granja. Leían. Escribían cartas. Parece ser que pensaban, algo que ya no se hace… en la vida pública” A Europa le sobraba historia. Toda la literatura de la Independencia americana se queda un poco en farfolla cuando uno recuerda que se trataba de no pagar un impuesto sobre los sellos. Menudo tirano Jorge III. Todavía hoy Estados Unidos sigue siendo esa parcela por arar: es ahí donde casi todo está por ocurrir. Qué envidia. Termino de leer este librito después de un paseo solitario por Bruselas, tomando tarta en el Arcadi. Aquí también se inventa una nación, no con la pluma de los ilustrados, sino con la prosa de los notarios.