
Slavoj Zizec. En defensa de la intolerancia.
Ediciones sequitur, Madrid, 2008.
Trad: Javier Eraso y Antonio José Antón.
Este es un libro que critica el liberalismo multiculural y tolerante que gobierna nuestras sociedades. Zizec opina que no es más que el enésimo camuflaje del capitalismo que mercantiliza la vida y desactiva cualquier reivindicación verdaderamente política. Siendo la verdadera política:
"Ese momento en el que una reivindicación específica no es simplemente un elemento en la negociación de intereses sino que apunta a algo más y empieza a funcionar como condensación metafórica de la completa reestructuración de todo el espacio social" Pag. 46.Esto es, el liberalismo multicultura privatiza la reivindicación (se reivindican derechos de los homosexuales, las mujeres, los discapacitados, las minorías étnicas), que se conforman con un mero reconocimiento de sus "estilos de vida" sin que esa queja pueda de forma alguna subvertir el orden social.
"El único vínculo que uno a todos esos grupos es el vínculo del capital, siempre dispuesto a satisfacer las demandas específicas de cada grupo o subgrupo (turismo gay, música hispana...)" (pag. 48)Lo que más me ha gustado es la idea del multiculturalismo como un racismo reprimido:
"El multiculturalismo es un racismo que ha vaciado su propia posición de todo contenido positivo (el multiculturalista no es directamente racista, por cuanto no contrapone al Otro los valores particulares de su cultura), pero, no obstante, mantiene su posición en cuanto privilegiado punto hueco de universalidad desde el que se puede apreciar (o despreciar) las otras culturas. El respeto multicultural por la especificidad del Otro no es sino la afirmación de la propia superioridad" (pag. 57).Esto es exacto. Vengo pensando hace tiempo en los efectos deletéreos que produce la dictadura de lo políticamente correcto. Me entretengo en uno: la represión del humor. Me he percatado de que de un tiempo a esta parte, por ejemplo, ya no se pueden contar chistes machistas, o que incorporen palabras como "maricón", "negro" o "andaluz". No dudo que sea positivo, justo y necesario sacar determinadas expresiones de circulación. Pero cuando la represión se hace excesiva los efectos son los contrarios de los que se persiguen. En España por ejemplo ya no se pueden hacer chistes sobre tipismo regionales. Pero el psicoanálisis nos enseña que lo que se reprime no desaparece sino que estalla por otro lado. En la tele, por ejemplo, se observa el atractivo que tienen los personajes que se muestran maleducados, deslenguados, o cínicos. Necesitamos también de eso. Hace falta poder reirse de las diferencias. La risa es necesaria para la convivencia. Cuando llegue el momento en que sea absolutamente poder reirse de las diferencias es que estaremos en guerra.
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